lunes, 8 de junio de 2009

Peas


No hay nada mejor que reunirse con los panas a tomar algodón y hablar sobre cualquier pendejada que salga por ahí. Típico que siempre se hacen las preguntas de rutina, como por ejemplo, ¿cómo está el trabajo?, ¿y los culos, marico? O tal vez, las mujeres profundizan un poco más y cuestionan como ¿qué tal está la familia?, ¿cómo va aquello que me contaste la otra vez?, etc.

Dicho esto, se empieza un intercambio de palabras, cuentos, anécdotas o aventuras. Pero, apartando el tema político de shit, no puede faltar hablar de las rascas, prendidas, estados de embriaguez, peas o como se pueda llamar. Siempre comienza alguno hablando de la pea que se echó el otro. Y así sucesivamente, se van desenmascarando todos aquellos cuentos que, por alguna razón, nos guardamos o no queremos recordar. Es muy común escuchar frases como “…nojoda, dígame la pea que se echó este cabrón cuando estábamos en casa de José, que le vomitó toda la alfombra a la mamá. Que acaba trapo”. Inmediatamente, justo después de la frase, todos empezamos a reír como unos estúpidos. Si, como unos estúpidos. Si subo unas pocas líneas y me re-leo la frase, no encuentro en ella nada que de risa. Pero, ¿por qué hablar de las peas, da risa?, ¿por qué conmemorarlas?

No entiendo cómo podemos hablar por tanto tiempo de temas tan básicos como estos. Pero buscando puntos en común de los momentos donde se habla de las peas, me doy cuenta que siempre que se echan cuentos de rascas, por alguna razón todos estamos tomando algo alcohólico. Nos reunimos en un café a tomar Whiksy y en algún momento se toca el tema, vamos a casa de un pana a tomar birras y ocurre lo mismo. ¿Será el consumo de alcohol nos hace hablar del alcohol mismo?, ¿o será que somos demasiado estúpidos?

1 comentario:

MdlA.- dijo...

Me parece saber a qué se debe este post